Las alas abiertas de un libro que nos lleva a un vuelo de escritura.

Letras Libres

Rincón de escritura para mentes curiosas.

  • Cosas que no debemos contar

    Por algún extraño motivo, el destino no quiso que compartiera el texto en el que les decía que estoy bien en este momento, que di un giro de 180° y que tras darme cuenta que no se guardó nada de lo que escribí, asumí que eso se queda en mí.

    Fue un buen desahogo, pero el pasado es pasado. No lo pienso escribir más sobre ello. Fueron las últimas palabras que les dediqué a ellas, pues nadie sabrá lo que pasé. Nada como una labor de demolición del corazón para reconstruirse, ¿verdad?

    El lunes comienzo con el ejercicio, retomaré el gimnasio con instructores, nutriólogas y fisioterapeutas, no es cliché, pero esto sí me costará mucho dinero y no lo pienso desperdiciar; y así como inesperadamente me encontré con un bonito departamento amueblado, en el que puedo trabajar desde casa tranquilamente, además de tener la fortuna de no convivir con mis vecinos, me siento feliz.

    En el barrio ya me ubican y me saludan por mi nombre. Incluso, la chica que me corta el cabello sabe cómo quiero el corte y no omite detalles al recordar nuestras charlas, tanto así, que reconoció de inmediato mi nuevo tatuaje.

    En fin. Creo que cada mañana es una nueva oportunidad, porque si no sales de la cama y asumes que la vida es triste, así será. En cambio, Dios solo me da una nueva oportunidad todos los días y debo aprovecharla, porque si algo no tenemos es el tiempo asegurado.

    Somos lo que nos decimos frente al espejo. Cada quien su Santo o sus demonios.

    Amén.

  • Viajar con el corazón roto

    Y aquí vengo, con el corazón roto y la cara desencajada que se refleja en la pantalla del autobús. Rumbo, desconocido. Estoy donde debo estar, pero aun lejos de donde quisiera.

    En mis audífonos suena «When It’s Cold I’d Like To Die» de Moby & Jacob Lusk. Al tiempo que debo aceptar las cosas como son; no ofrecer resistencia dicen que es lo mejor para avanzar. Pero, avanzar a dónde, si de donde vengo era feliz.

    No sé que pasó en el camino, o tal vez sí, pero no lo he asimilado. Lo que tengo claro es que el tiempo avanza distinto para todos, lo digo con decepción. Pero, también debo comprender y ser empático conmigo.

    Lo que vivo y ocuparme de mi es lo que debo hacer, pero cómo hacerlo si lo que me sostenía se vació como agua entre las manos.

    Han pasado casi 3 meses desde que partí de casa, y creo que lo más triste de todo es haber descubierto que los últimos 3 años pasaron para ella como si no existieran, como si no hubiera influido o hecho algo.

    Me fui, no por engaño, o eso quiero creer, pero lo hice por mí, porque no estaba bien ahí, me fui porque era mi manera de hacerla reaccionar, en un último intento por resucitar algo que estaba ya muriendo. Y me quedé solo, mirando hacia atrás y nadie estaba ahí, nadie tomando mi mano.

    Seguí a paso lento, pero tampoco así me alcanzó. Y cuando me di cuenta, rápido me había superado con alguien más. Intenté salvarla de su codependencia, de seguir repitiendo los mismos patrones, de seguirse equivocando, y no lo digo por querer yo volver, lo digo por su insistencia en tener a alguien a su lado.

    Entonces comprendí que no era yo, era ella y su problema. Que ella quizá lo había trabajado ya durante la relación, pero al momento de irme le abrió la puerta al que sigue, así, como si nada, sin darse tiempo a procesar una ausencia o un duelo, justificando hoy ser feliz y agradecida. ¿Cuánto durará su relación de rebote? La respuesta: es su problema.

    Entonces, llega mi aceptación. Es duro el camino, porque no debe ser una batalla contra mí mismo. Hay personas que no saben estar solas y por su baja autoestima y debilidad emocional. No quiero que sea mi caso y olvidarme de ese complejo de salvador.

    Es tiempo de darle la vuelta a la página, no por ello deja de doler, pero de ese dolor se aprende. Ahora estoy conmigo y enamorándome de mi, enfocándome en mi; suena egoísta, pero es momento de soltar, poco a poco lo hago, aunque seguramente de su lado soy el malo, claro, nadie acepta sus errores al inicio.

    Hoy toca cambiar lo que sea necesario.

  • El mar escribe un secreto, que solo el viento sabe: la magia de la música italiana

    Casi no llego a Marzo para escribir. Ha sido un inicio de año de mucho trabajo, estabilización, pensar y hacer las cosas con miedo hasta que se quite.

    No voy a mentir, ha sido difícil mantener el enfoque en muchos sentidos. Quizá empecé el año con altas expectativas, como todos. Pero, también como suele suceder, las cosas se van descartando por sí solas. En este punto, he vuelto a dar un paso atrás, solo para detenerme a observar cómo van las cosas que siguen su curso.

    La familia, bien, mejorando. El trabajo, estable, a veces quisiera más. Las relaciones, simplemente en este momento no quiero nada.

    El ejercicio, confieso que en mi mente estoy «mamadísimo», pero no me obsesiona. Quizá un cambio de imagen me vendrá bien. Y hablando de cambios, escribo esto con la licencia vacía, la cartera satisfecha y la actualización de mis datos personales en curso.

    Lo que sigo haciendo es aplicar el estoicismo, lo que he dejado de hacer y me sigue costando trabajo, es la constancia. No es procrastinar, simplemente no estoy inspirado. He salido con un par de amigos, me entretiene. He rodado algunos kilómetros en bicicleta, camino poco, como bien, pero no me siento pleno aún conmigo mismo.

    A ratos llegan las sonrisas, la emoción tan fugaz como cuando se va, también la alacena tan llena hasta que la dejo vacía y compro algo distinto. De hecho, tenía mucho sin comprarme cosas. Aún me faltan muchas cosas, pero siento que gasto demasiado.

    Hoy tengo lo que necesito, un techo, comida, trabajo, familia y no por dejar al último, a mí mismo. Últimamente me ha inspirado, eso sí, la música italiana. Mamma mía! Dónde estuvo estos casi 44 años de mi vida. No queda más que servirme un vino, leer un buen líbro y de fondo «Resta con me» de Elena Mazzuro. Tenía que llamarse Elena.

  • Descubrí el Estoicismo y Transformé Mi Vida

    No sé cuántas vueltas le di a mi propia página para venir a escribir. Sentarme de una y tener la claridad suficiente para hacerlo. Simplemente no podía.

    Han pasado un montón de cosas desde la última vez que vine a teclear mi computadora. Casi dos meses, de hecho. Y sí, fue por falta de ganas, de ideas, de aportar quizá. Y es que un «tema» personal, de esos que atañen al corazón, me mantuvo un poco ausente.

    Sin embargo, no vengo aquí a vaciar mis lágrimas, incluso no es necesario. Hay algo que quiero compartir y es que a partir de que descubrí el estoicismo, la vida me ha dado un vuelco. Sí, eso fue algo nuevo para mi.

    Escuchar cada mañana lecciones, me ayudó a focalizarme. Por supuesto, no estoy libre de cometer errores o volver a tener los mismos vicios. La diferencia es que ahora me doy cuenta de ellos y sé como evitarlos.

    Muchas veces uno parte de casa, de una relación, de un trabajo o dejas atrás simplemente algo que no te gusta. A todos nos pasa. Pero cuántos somos realmente conscientes de ello. Porque asimilarlo no es lo mismo que saber lo que nos está pasando.

    Espera, no estoy cantinfleando. Voy directo al grano. Hoy, pleno jueves 5 de febrero de 2026, tuve más claridad para venir a escribir. De repente las no ganas de hacerlo me invadían, pero descubrí que mi «viejo ego», no vendrá más a molestarme y lo dejé bajo el tapete.

    Sí, ya sé, a veces también hay que barrer abajo del tapete, pero por ahora supongamos que ahí lo dejamos, porque como el polvo, nunca se va. Volvamos al foco del asunto. Hoy entendí que si tienes que partir, dejar cosas atrás, olvidar gente, borrar momentos, desentenderte de ciertas situaciones, pues debes hacerlo.

    Cargar con tu cruz ya es más que suficiente como para arrastrar problemas ajenos, incluso aunque fueran propios, no hay nada que valga la pena y que rompa con tu paz. Paz es la que necesitamos en el alma y hoy lo tuve de manera tangible.

    Hoy por la tarde, tuve un problema en el trabajo, nada personal, de esas cosas que no te esperas, pero bueno, se resuelven. La sangre comenzó a brotar desde mi estómago y es cuando uno comete el error de responder de manera tal cual, visceral. Error.

    Lo mejor es calmarse, no reaccionar, controlar las emociones, porque eso es lo único que está bajo tu mando, tu autocontrol. Pasé de largo, fue bajando la molestia y en ese instante me llegó un audio que pedí para hacerme hipnosis. No, no es la del «¡duérmase!», es la que hace personalizada Julián Estrada Alborná. En otro texto les describo esa experiencia brutal.

    Pero escuché mi primera hipnosis y sí, insisto, fue brutal. No, no es un viaje astral ni te pones a hacer cosas raras mientras lo escuchas. Más bien, vuelves a conectar ese eslabón que tenías perdido, en mi caso, desde hace muchos años.

    Terminé mi sesión y me sentí «terso», no se rían, es verdad. Me sentí tan ligero, tan bien, por supuesto que lloré, reí, me emocioné. No, no fue placebo, fue una conexión real conmigo mismo. Tanto, que hoy continué con mi trabajo, fluí con el día, hice mis responsabilidades, me cayó un dinero que me debía reembolsar la empresa, pero no todo es perfecto.

    Tanto trabajo terminó por abrumarme, pero saben, no me molesté, más bien me dio mucha hambre. Y no es que después de la hipnosis todo fuera miel sobre hojuelas en mi vida, nada de eso. Salí a cenar y estaba entre comida japonesa o unas enchiladas. Opté por las enchiladas.

    Pedí un agua fresca de jamaica, llegaron mis enchiladas, rompí la dieta y ta-rán. Primer mordisco, una piedra en los frijoles que casi me vuela la muela. Luego, las enchiladas más insípidas que he probado en mi vida, al final, el trago de agua fresca más amargo y sin sabor de la historia. Un golpe de realidad.

    Y no, no es que después de la hipnosis me sintiera flotando, más bien, no me enojé con la situación, acepté que las cosas no siempre son como yo quisiera y el antojo me lo ha matado esta noche una mala cena. Lo que no mató, fueron mis ganas de tomar la laptop, venir y escribir con claridad todo lo que siento y quiero.

    Que la energía fluya, que la buena onda prevalezca, que nada malo influya. Amén.

  • ¿Cuántos días te quedan? Reflexiones del año que se va

    Cada año que se cierra, también se cumple. Para bien o para mal, lo importante es llegar al final.

    Este 2025 puedo resumirlo en un vaivén de cosas que no alcanzaría a terminar de describir, pero con la mente puesta en 2026, he aquí algunas reflexiones que me vienen a la mente en este momento.

    Es tarde-noche del lunes 8 de diciembre de 2025, acaba de iniciar un atípico y torrencial aguacero. Objetos se azotan por la calle, pues el viento parece más un tornado digno de cualquier verano, generando un ruido bastante molesto para escribir, sin romantizar eso de escribir cuando llueve.

    Lo que ha sido este año, ha sido inesperado, un poco aburrido en general, pero avanza tan rápido y se va así de rápido como llegó. Y, para sorpresa de nadie, el tema conversacional es ese: se fue volando el año. Sí, uno más y sí, más rápido que el anterior.

    Hace algunos años pensaba, ¿cuántos días tenemos de vida? Según calculé, si bien te va hasta la longevidad, unos 25 mil días, algo así como unos 68 años. Y, cuando la gente dice: al fin es viernes. Qué padre, pero esa frase lleva repitiéndose cada semana sin darnos cuenta que esa alegría, también conlleva a que se nos acaba el tiempo.

    No quiero sonar aguafiestas, ni nada por el estilo, simplemente pensaba en que la alegría en que llega un día significa que también nos acercamos al final de nuestros días. Desde aquél primer «por fin es viernes» hasta la fecha, deben haber transcurrido unas 800 semanas,

    Aquí viene lo importante: ¿estás feliz con lo que has logrado hasta ahora? Un año más se va y en mi caso, estoy contento con la vida que llevo. Afortunadamente, no solo soy un ermitaño hogareño, también sé moverme cuando las cosas no me gustan.

    Así dejé mi trabajo de 17 años, sin remuneración debida, pero hoy me siento contento y tranquilo con mi decisión, pues de no haberla tomado, quizá seguiría ahí, infelizmente esperando a que me corran para cobrar un miserable cheque.

    A cambio, decidí soltar, una decisión que parecía estúpida en principio, pues habría que sobrevivir con los ahorros. Pero me permitió soltar el estrés, el ritmo, dejar atrás malas personas y situaciones que sin darnos cuenta nos tienen atorados.

    Ser el héroe de nuestra propia película es lo mejor, porque debemos tomar las riendas, pero también aprender a dejar fluir las cosas. Porque lo que no es para ti, no lo será nunca. Por lo tanto, me siento un mucho con suerte de estar en donde estoy, de tener lo que tengo y por supuesto, sin las malas decisiones y las necesarias derrotas, no sería quien soy.

    Y a ustedes, ¿cuántos días les quedan?

  • 15 de noviembre: Día de la Gen Z

    Qué difícil han sido los últimos meses en México. El estado de salud de la nación no es bueno, o si es bueno para alguien, ¡que me explique cómo!, porque no lo veo.

    Hemos pasado de tener una estabilidad que no era perfecta y podía ir a mejor, pero en siete años ha ido a la baja ese sentimiento. Primero, por haber sido engañados por el ex presidente AMLO. Luego, por la continuidad de un proyecto que ha beneficiado más a la corrupción y el narcotráfico antes que al bien común.

    Y vaya que es confuso y contrastante, pero mucha gente que recibe las dádivas del gobierno no se da cuenta que es su mismo dinero (quiero creer que todos pagamos impuestos) y que al final también les están devolviendo ese dinero en forma de impuestos al gobierno. Negocio socio, dicen.

    Para el gobierno de México ha sido fácil tomar el absoluto poder, sin embargo, este 15 de noviembre de 2025 despertó toda una generación con un reclamo genuino y al cual me uno: queremos paz.

    Esto, tras el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, Michoacán, el pasado 1 de noviembre de 2025. Y es que ya no le cree nadie al gobierno, ni a lo que resta de sus instituciones. El sostener la mentira a base de billetazos algún día terminará, y aquellos que apoyaron al régimen, también serán olvidados de una u otra manera.

    El sábado 15 de noviembre de 2025 será recordado en México por ser el Día de la Independencia, la rebeldía contra el régimen y el altavoz más fuerte que ha sonado en mis más de 40 años de vida en este país.

    Ojalá, todo transcurra en paz, pero eso ya lo contaré en otras líneas. Por lo pronto, a los que no somos Generación Z o Gen Z, estaremos apoyándolos, porque en la familia sí tenemos jóvenes que son parte de este movimiento y junto con ellos, toda la ciudadanía será la única que pueda salvarse a sí misma.

  • El Camino hacia la Felicidad: Reflexiones y Aprendizajes

    Han sido más de 40 años meteóricos, llenos de apredizajes, aciertos y errores, crecimiento y estancamiento. La espiral de la vida al parecer ha llegado a su cúspide, sí, eso que muchos llaman «curva de aprendizaje» ha sido más que suficiente.

    Lo aprendido, aprendido está. ¿Qué sigue entonces? Pues muchas preguntas se desprenden de esta pregunta. La felicidad plena no es algo que haya alcanzado aún, lo sé porque llegué a entender cómo encontrarla. No es el dinero, no es la posición en la escala social y mucho menos tener esa recompensa inmediata con lo material.

    Muchos no entendemos lo que es alcanzar a pleno la felicidad hasta que detenemos el paso y dejamos que el mundo siga avanzando. Esto no significa abandonar el mundo ni desentenderse del entorno. Es la clave para observar todo el panorama.

    Es aquí donde comprendí dónde estaba la felicidad, dejé de perseguirla para adoptarla. ¿Cómo? Aceptando la verdad de mi realidad. Porque no tienes que comprar cosas para sentirte feliz; claro, muchos prefieren llorar sus penas en un Ferrari, pero eso no es alcanzar la felicidad.

    Entender el vértigo de la vida a mitad de ella (o al menos eso creo de mi existencia, con la esperanza de otros 40 años productivos), nos lleva a contemplar dónde sí podemos depositar la energía que ahora se va consumiendo poco a poco.

    Por lo tanto, la felicidad es el momento que has construido hasta este minuto. Pero, llegar a ese momento no sucede en la juventud, pues surge con años de experiencias, de cometer errores, de atreverse a fallar en cada paso.

    Así, el éxito se alcanza unas pocas veces, con la satisfacción de haberlo conquistado por sí mismos, con las propias manos, con el sudor de la frente. Y es entonces, que te detienes a contemplar lo hecho por ti mismo y aligeras el paso.

    Aquí lo importante es no construir el éxito con base en los otros, ni en el qué dirán, sino hacer el camino propio al andar. Porque el éxito es individual, aunque a veces haya colectividad, para llegar a ser exitoso en equipo, primero se tuvo que caminar y experimentar solo.

    ¿He alcanzado la felicidad? La respuesta viene de cada uno, pero en mi caso, lo material deja de causar distracciones; luego, soltar todo aquello que llevaba cargando en la espalda (deudas, culpa y sentimientos), hasta encontrar la estabilidad mental que necesito para ser feliz.

    Porque soltar todo aquello que no nos ayuda a crecer mentalmente, así como estar económicamente bien (lo que significa tener ingresos y que tu vida corresponda con ello, sin gastar más de lo que tienes, pero siempre aspirando a más, por supuesto) y muy importante: cuidar tu cuerpo que es tu templo.

    En este último punto, me detengo y pienso en que somos reflejo de nuestra verdad y una realidad que no puede esconderse. Pocos son los que realmente cuidan su cuerpo y a pesar de ello al verse en el espejo no encuentran la plenitud. No por los músculos, sino por la falta de algún elemento que ya mencioné y desequilibra la balanza: mala economía o no enfocarse en su propósito de vida.

    No basta con hacer dietas, tampoco con el extremo de comer en abundancia, sino encontrar la manera en balancear todo esto en beneficio del único bien que poseemos desde el primer y hasta el último día en nuestras vidas: nuestro cuerpo.

    Cuando la economía se centra, se construye con aspiración e inspiración, y casi al mismo tiempo el cuerpo se erige como un templo sagrado. Y con estas dos «preocupaciones» menos, la mentalidad y el enfoque nos permiten desarrollar nuestros talentos y nuestro propósito en esta vida.

    A partir de la construcción propia de nuestra mente, cuerpo y economía, es que podemos proyectar inspiración en los demás. No esperemos a que alguien nos digas qué hacer o que nos siga el paso, eso puede retrasar tus propósitos.

    Siempre piensa en ti, eso me ha ayudado últimamente, soltando los lastres, alejándome de la gente que no me aporta nada y aceptando la realidad de la verdad de las cosas que puedo cambiar y las que no puedo cambiar.

    Una vez entendido esto, los pasos son más sencillos de dar, el cuerpo toma forma, la abundancia llega y el enfoque mental nos impulsa a ser mejores.

    Así lo entiendo yo en este camino de felicidad, con una inspiración estoica, ¿y ustedes?

  • La Batalla de la Luz: Un Relato de Despertar y Trascendencia

    Este no es más que un texto de ficción que invita a reflexionar nuestro día a día, para disfrutar cada momento y volar con la imaginación.

    Al despertar, desde la cama se observa un ventanal que filtra los primeros rayos de Sol sobre la Tierra. Han sido días muy grises al final de agosto, pero la tonalidad es algo que no se veía desde hace centurias por esos lares. Ese color amarillento en la atmósfera calentando la superficie de la Tierra como hace mucho no se sentía, provoca un efecto de arcoíris en las calles donde se dibujan los colores de una sombra.

    No hay nadie, todos se fueron hace tiempo. Las calles están vacías. Al recorrerlas sopla el viento del norte de la ciudad que apenas tiene fuerza para sacudir las hojarascas. Al paso, algunas de ellas crujen en los pies descalzos; luego, el silencio.

    El calor poco a poco se vuelve insoportable, un tanto por el andar de las horas a pie, así como el Sol acercándose a su última etapa antes de hacer suya la Tierra. Y, por algún motivo, desde un lugar en lo alto de la montaña se observa que la última nave está por despegar al espacio.

    Por supuesto, no hay refugio. El cohete comienza su conteo antes de despegar, mientras el Sol lanza su bocanada final de fuego.

    En ese momento, las palabras se han evaporado, solo un destello comienza a cimbrar la tierra con un despegue descomunal.

    Con el Sol de frente, el cohete se lanza rumbo a un destino incierto; la mirada se centra en ese majestuoso momento.

    Y como si el Sol no quisiera dejar nada para después, lanza un abrazo de fuego. Sin embargo, todo queda iluminado ante la batalla.

    Hoy, solo la memoria viaja por el Universo a 25 mil kilómetros por hora, solitaria, esperando trascender con la gravedad hasta encontrar su nuevo hogar.

  • Mis 10 películas favoritas… de Christopher Nolan
    Sugerencia de escritura del día
    Dinos tus diez películas favoritas.

    Debo confesar que tardé muchos años en empezar a ver la trilogía de Christopher Nolan con Batman. Recuerdo que pensaba cosas como: qué flojera, volver a empezar a ver una historia que se repite una y otra vez a partir de la orfandad de Bruce Wayne. Sin embargo, un día me decidí a poner el Blu-Ray que tenía en casa, por allá del año 2012, con «El Caballero de la Noche Asciende». Madre mía, lo que me fui a encontrar.

    No pretendo hacer una sinopsis, ni tampoco spoilers, pero he visto cientos de veces la película desde entonces. Y es que en cada repaso siempre encontré algo distinto que Nolan nos pone en bandeja pero no captamos de primera instancia. Y eso es lo rico del cine de Nolan, siempre hay pedazos que conectan no solo entre sus películas, sino también en mi vida.

    Con «El Caballero de la Noche asciende» o «The Dark Knight Rises», también descubrí que detrás de un perfecto filme había una banda sonora que mantenía mi pulso arriba todo el tiempo. Sí, es culpa del gran Hans Zimmer. Ni siquiera sabía que él había creado piezas completas para filmes icónicos como «Gladiador». Fue desde entonces que conecté con el cine de Nolan y hoy en día soy un fan que sigue descubriendo su cine.

    Luego de «El Caballero de la Noche asciende», vi «Batman Begins» que este 2025 cumple 20 años, así como «Batman: El Caballero de la Noche», pero sin duda me quedo con la primera.

    De aquí, he visto películas como «Tenet», que hace un juego increíble con los tiempos, lo cual me conectó invariablemente con «Interestelar», quizá mi película favorita y número uno, ya que el manejo del tiempo, el amor, la soledad, la gravedad, hacen una explosión en mi mente.

    Otra película que debo volver a ver es «Inception», aún me cuesta digerirla y eso me encanta, porque es un reto. Luego, «Oppenheimer», la vi en el cine y también quiero volver a verla, pero en el ajetreo del día, no encuentro libres 3 horas para dedicarle completa atención, no porque no la haya entendido, sino porque el ritmo que tiene me acerca mucho a lo que sentí con «Interestelar».

    Cuando vi «Dunkerque», de nuevo volví a sentir esa conexión en la que Nolan te pone los pelos de punta con esa banda sonora, un paisaje ambientado en una playa, el mar, la guerra y el elemento clave: la esperanza.

    Tengo pendientes algunas películas de Nolan como «Origen», «Menento», «Following», «The Prestige», «Insomnia», y la esperada cinta «The Odyssey» que se estrena el 17 de julio de 2026 (si lees esto en unos años, bueno, quizá en algún otro texto hable sobre ella y cómo ha evolucionado el cine de Nolan).

    Por ahora, solo agregaría algunas películas sueltas, por supuesto para nada de culto, más bien que me gusta ver una y otra vez como «Gravity» de Alfonso Cuarón. Espero leer pronto las suyas.

  • Mudanzas: una oportunidad para reinventarse

    Hace unos años tenía la creencia de que rentar una casa o departamento era tirar el dinero, en consecuencia ese espacio era algo aislado para mi. Luego, una gran amiga, quien también llevaba rentando su casa ya algunos años, me dijo: «yo me apropié de este espacio, porque aunque no sea mío, tenía que sentir que era mío».

    Fue entonces que comprendí que estar viviendo en un lugar no es suficiente, tenía que apropiarme del espacio. Así, las banquetas cobran vida, la poda del pasto es un placer, hacer las reparaciones, el mantenimiento, pintar los interiores y la fachada a mi gusto, es algo que descubrí que podía realizar sin problema y sin necesidad de esperar a que el casero lo resolviera.

    Jamás había imaginado que mudarme y llegar a un lugar que no me pertenece para regalarle mi dedicación y convertirlo en lo que a mi gusta, me haría sentir como en casa. Todo tiene sentido cuando ves los detalles y te presentas con cada grieta.

    Moverse de un espacio a otro no solo significa transportar tus cajas llenas de recuerdos o materiales y ropa, que mucho de ello acaba arrumbado en el fondo de un clóset, sino crear un ambiente en el que te sientas libre. Así lo veo en cada mudanza, y ahora que lo recuerdo con gracia, todas han sido diferentes.

    Lo que no recuerdo es cuántas veces me he mudado, incluso teniendo casa propia, decidí mudarme por cuestiones logísticas que conlleva vivir en una gran ciudad, como pasar las horas en el tráfico y el cansancio. En otras ocasiones, confieso que tuve que mudarme por amor o por desilusión.

    Cuando me mudé por amor, lo hice sin pensarlo. Esa ilusión de que todo se compra en pareja: cortinas al gusto, sofá, estufa, despensa, macetas… y cuando menos lo esperas, la casa está llena, las plantas reverdecen y todo parece perfecto.

    Pero luego pasa el enamoramiento y cuando llegan las diferencias, vinieron los arranques: tomar mis cosas, algunas de ellas arrebatarlas de las manos de esa persona tóxica y llenar el auto para moverme a un lugar donde pudiera respirar lejos del caos.

    Cada mudanza es una nueva oportunidad y me llena de motivación. Teniendo en mente las sabias palabras de mi amiga, me apropio del espacio, construyo repisas, cuelgo cuadros, instalo cortineros, monto las pantallas, coloco la cama y luego rehago todo porque me doy cuenta que el acomodo se parecía al de la anterior casa.

    Mudarse es una auténtica joda: cargar, acomodar, limpiar y al día siguiente volver a empezar hasta completar el ciclo. Hubo mudanzas en las que no podía creer que tuviera tan pocas cosas, pero también hubo mudanzas en las que creí tener pocas cosas y no fue así.

    Estoy casi seguro que nadie termina por mudarse por completo. Siempre hay una habitación con las cajas empolvadas llenas de viejos documentos de la cual nadie se quiere deshacer porque justo el día que las tiramos, ese día necesitábamos algo de la caja. Somos esclavos del «por si acaso» en casa.

    He de confesar que tengo varias de esas cajas, no solo en la casa que ocupo actualmente, sino en la casa de mis padres. Sí, aún en casa de los viejos conservo no solo las cajas, también algo de ropa, mi cama, hasta una pequeña caja fuerte que no atesora las joyas de la abuela precisamente, solo algunos cuadernos, fotos, discos compactos y películas que en algún momento fueron importantes.

    Por lo tanto, yo creo que una mudanza jamás termina. Al contrario, siempre dejaremos rastro de nuestro paso. Ni siquiera el tiempo es capaz de borrar lo que ha trascendido encerrados en esas paredes a pesar de que ya no las habitemos.

    Quien lo niegue no solo da la espalda a su pasado, sino a su existencia.