Casi no llego a Marzo para escribir. Ha sido un inicio de año de mucho trabajo, estabilización, pensar y hacer las cosas con miedo hasta que se quite.
No voy a mentir, ha sido difícil mantener el enfoque en muchos sentidos. Quizá empecé el año con altas expectativas, como todos. Pero, también como suele suceder, las cosas se van descartando por sí solas. En este punto, he vuelto a dar un paso atrás, solo para detenerme a observar cómo van las cosas que siguen su curso.
La familia, bien, mejorando. El trabajo, estable, a veces quisiera más. Las relaciones, simplemente en este momento no quiero nada.
El ejercicio, confieso que en mi mente estoy «mamadísimo», pero no me obsesiona. Quizá un cambio de imagen me vendrá bien. Y hablando de cambios, escribo esto con la licencia vacía, la cartera satisfecha y la actualización de mis datos personales en curso.
Lo que sigo haciendo es aplicar el estoicismo, lo que he dejado de hacer y me sigue costando trabajo, es la constancia. No es procrastinar, simplemente no estoy inspirado. He salido con un par de amigos, me entretiene. He rodado algunos kilómetros en bicicleta, camino poco, como bien, pero no me siento pleno aún conmigo mismo.
A ratos llegan las sonrisas, la emoción tan fugaz como cuando se va, también la alacena tan llena hasta que la dejo vacía y compro algo distinto. De hecho, tenía mucho sin comprarme cosas. Aún me faltan muchas cosas, pero siento que gasto demasiado.
Hoy tengo lo que necesito, un techo, comida, trabajo, familia y no por dejar al último, a mí mismo. Últimamente me ha inspirado, eso sí, la música italiana. Mamma mía! Dónde estuvo estos casi 44 años de mi vida. No queda más que servirme un vino, leer un buen líbro y de fondo «Resta con me» de Elena Mazzuro. Tenía que llamarse Elena.


Deja un comentario